GUADALAJARA, JALISCO.- Han pasado 22 años desde que el mundo perdió a la reina de la música texana, Selena Quintanilla. Pese al largo tiempo transcurrido desde su trágica muerte, continúa siendo una figura icónica, especialmente en Latinoamérica, pues muchas jóvenes se ven reflejadas en ella. La persistencia de su presencia actualmente, no sólo se debe al talento que indudablemente poseía la cantante, sino que redefinió el concepto de belleza y rompió con el mundo masculino de la canción texana.

El 31 de marzo de 1995, Selena estaba por convertirse en todo un fenómeno musical, las entradas a sus conciertos se agotaban y sus discos vendían cada vez más; sin embargo, a partir de esta fecha las ventas y la popularidad de su imagen fueron en aumento.

Según la disquera Universal, poseyente del catálogo de todas las producciones discográficas de la cantante, vendió aproximadamente en México tres millones y medio de discos, de los cuales un millón fue después de su muerte. Pese a que en la época de su muerte ya tenía una gran fama y popularidad entre la población tanto latinoamericana como norteamericana, las cifras indican que sí capturó mayor atención tras su partida.

A más de dos décadas, todavía se venden sus producciones musicales. Incluso su disquera continúa produciendo material en relación con ella, hace apenas dos años se lanzó el cd “Selena viva la reina”, en conmemoración de su aniversario luctuoso; aunque este tipo de series únicamente las realizan con artistas que aseguran ventas, en este caso, Selena continúa como una garantía de ventas.

Selena nació el 16 de abril de 1971 en Lake Jackson, en el seno de una familia normal y feliz de origen hispano. Desde niña notaron su gran voz, por lo que sus primeros pasos como cantante se remontan a su infancia. A los doce años cantaba en el restaurante que su padre dirigía y apareció su primer disco. Continúo participando en varios shows y así, su éxito crecía a paso acelerado.

Una de sus peculiaridades era rescatar el español, pues cantaba en este idioma pese a que hablaba inglés, siguiendo las enseñanzas de su padre. En 1993 gana el Grammy a Mejor Álbum de música mexicano-americana gracias a su cd “Live”. Un año después lanza “Amor prohibido”, disco que se convirtió en un éxito instantáneo con canciones todavía escuchadas y aclamadas como “Bidi bidi bom bom”.

Su triunfo en la industria musical parecía no tener fin, pues con cada nueva canción subía escalones en la fama que pocas han logrado conseguir en este género. Además, captó la atención de la audiencia norteamericana en su totalidad, no sólo a la hispana. Su asenso no tenía freno, sólo uno, y fue la tragedia que detuvo su fascinante trayectoria artística.

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